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NOSOTRAS

Cristina y Silvia son primas, casi hermanas. Nueve años antes de nacer Silvia, bajo el sol de julio como su prima, su padre apadrinó a Cristina. Ahí comenzó a tejerse un invisible e infinito hilo entre ellas que les ha hecho inseparables. Madrileñas de cuna y gaditanas de capricho, ambas son de mente rápida y metabolismo lento. Silvia hace Mmmm! cada vez que le gusta mucho una comida –y lo hace con demasiada frecuencia–. A Cristina se le hace la boca agua cuando piensa en aceitunas –de pequeña no quería ser ni azafata, ni peluquera, ni veterinaria. Su vocación pasaba por tener un puesto de olivas en el mercado de su barrio–. Pero, si hay algo que les apasione a las dos, es el arroz con leche. Si les pusieran el calorímetro a cero durante una hora, acabarían con las reservas de toda China.

Aman la vida, las flores y, sobre todo, las velas. Si hubiera un apagón general en la ciudad, sus casas refulgirían durante días y días.

De carcajada sonora ambas, disfrutan como locas haciendo feliz a la gente. De ahí que, después de andar sus caminos profesionales por separado (Cristina ha dirigido varias revistas importantes de este país y Silvia, además de organizar fiestas y caterings desde su adolescencia, está al frente de  un reconocido gabinete de comunicación), hayan puesto el ojo en el mismo foco: una aventura llamada Bendita Locura, dedicada a Wedding Planner, Special Events and Other Stories. Y que ellas, que son como el yin y el yan, van a vivir equilibrada y apasionadamente.  Aman la vida, las flores y, sobre todo, las velas. Si hubiera un apagón general en la ciudad, sus casas refulgirían durante días y días. En su mochila llevan el apoyo incondicional de sus maridos, Manuel y Cuco; la ilusión de sus hijos: Patricia, Casandra, Valeria, Julieta y Daniel –todos ellos aún por casar–; el aplauso de sus hermanos: Angelines, Elisa, Luisen y la inmensa luz de Raúl; la algarabía de sus cinco perros, de diferentes pesos y medidas: Pepe, Paco, Tito, Draco y la cursilona de Bimba; y, por descontado, el orgullo de sus padres, los de aquí y los de allá. ¡Bienvenidos a Bendita Locura!