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Ashikaga Flower, el monumento natural más impresionante de Japón

“Si hay un monumento natural que vale la pena ver antes de morir es el parque de Ashikaga Flower”. Eso me contaba mi primo Carlos, viajero empedernido, antes de partir el otro día hacia Japón. Reconozco que no había oído hablar de ese parque a pesar de que disfruté de lo lindo hace ya 23 años de los jardines de postal que posee Kioto, con sus templos donde los japoneses dejan escritos en papeles o tablas de madera sus peticiones, con puentes de cuento donde las parejas de novios se prometen amor eterno mientras inmortalizan el momento y con sus impresionantes caminos de piedras flotantes como el de Heian Shire, aún más célebre desde que apareció en la película Lost in Translation. Carlos me mostró las imágenes del Ashikaga Flower y no he podido resistirme a enseñároslas a vosotros. Espectacular es poco.
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A dos horas de Tokio

Enclavada en la prefectura de Tochigi, a menos de dos horas de Tokio, es una de las mayores atracciones turísticas del país. Tres inmensos árboles de glicinas cubren casi 1.000 metros cuadrados formando un manto púrpura que, a modo de paraguas, te cubre mientras paseas con la boca abierta (se trata de arbustos trepadores que pueden alcanzar los 15 metros de altura y vivir más de cien años).
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Su peculiaridad y su magia reside en que solo florecen durante dos semanas, entre finales de abril y mediados de mayo. Los nipones le llaman The golden week. Pero, a pesar de que la glicina de color lavanda es la más laureada, el florecimiento empieza con retoños de un rosa claro, seguido del púrpura, el blanco y, por último, el amarillo. Su belleza es tan impresionante que, al parecer, fue la inspiración para recrear en la película Avatar el Árbol de las Almas.
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En el parque, abierto hasta las nueve de la noche, sorprenden también las fuentes llenas de lirios en verano, época en la que las glicinas dan paso a otras especies de flores no tan impactantes pero no menos hermosas y pasear al fresco de la luna mientras te refrescas con un helado púrpura de glicina es otro placer, en este caso para alegrar y endulzar el paladar.
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Su nombre, glicinas o wisteria (que es el técnico y no menos sugerente  o poético),  ya me empujan a hacer la maleta,  volver a Japón y  vivir la Golden week  a tope, reteniendo en mis recuerdos ese momento fugaz que pasa a ser eterno cuando lo filtra el cerebro. Yo, como mi primo Carlos, no me quiero morir sin verlo antes.