EL BLOG DE CRISTINA ACEBAL

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La playa es buena para el alma: científicamente probado

A pesar de haber nacido en tierra seca, soy de Madrid, siempre me he sentido muy de agua. Una niña de agua, anfibia, de las que salían con los dedos agarbanzados de la bañera, del río, del pantano, de la piscina del barrio, de la fuente del parque… Fijaos si era de agua que la única tarea doméstica que hacía sin gruñir, cuando mi madre me obligaba, era lavar los platos. Aún hoy, me gusta sentir el chorro cayendo en el aclarado y escuchar el golpeteo del agua corriente del grifo contra el seno del fregadero. Suena hasta poético, al menos a mí.

Playa

No recuerdo la primera vez que vi el mar porque era demasiado pequeña para tener memoria pero siento mi infancia ligada perennemente al mar, a las olas, a la arena caliente de la playa, a los juegos en la orilla, a las digestiones infinitas y a las puestas de sol fugaces. Con el salitre de todo el día pegado en las pestañas y el albornoz sobre el bañador mojado nos despedíamos hasta el día siguiente. ¡Siempre era domingo los meses de verano de mi infancia! Y cada día volvíamos a la misma playa, a la misma parcela de arena, de junio a septiembre. El resto del año vivía mi rutina de niña de ciudad sin darme cuenta de la huella que el mar iba calando en mi alma.

No sé vivir sin mar a pesar de vivir sin él

Y lo he ido descubriendo al ver las secuelas tan positivas que me genera nuestros reencuentros. Estar a su lado me aporta la parsimonia que tanta falta me hace para soportar a mis aceleradas neuronas y me regala la paz que me niega la gran ciudad. Y eso, leo ahora, un grupo de científicos lo ha denominado “espacio azul” basándose en el resultado de la combinación de los olores y sonidos en la mente humana. Dicen que produce un efecto hipnótico en tu mente que reacciona frente al entorno haciéndote sentir feliz, relajado y con energía. Es decir, todo lo contrario al efecto que producen los atascos diarios de la M 30. Por tanto, no es solo una sensación en nuestras cabezas, es una realidad ya demostrada por estos sabios.

Ya me siento feliz porque sé que mi patología tiene nombre científico: “espacio azul”. Padezco de un bendito “espacio azul”. Y los estudiosos han seguido avanzando y aventurando curas a base de agua de mar.

CONTRA EL ESTRÉS

Dicen que el agua es la cura de la Naturaleza para el estrés porque sus iones positivos tienen la propiedad de hacerte sentir bien. Y tanto si nadas como si caminas por la orilla, la sensación de relajación te acompaña.

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PARA LA CREATIVIDAD

Según estos científicos, estar en la playa te limpia la mente y te permite mirar tus problemas y proyectos de una forma más creativa. La sensación de calma que te produce, similar a la meditación, te deja concentrarte en lo que necesitas.

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REDUCE LOS SÍNTOMAS DE DEPRESIÓN

El sonido hipnótico del ir y venir de las olas combinado con las vistas y los olores de la playa reduce los niveles de depresión porque te mete dentro de un espacio de meditación donde apartarte del caos de tu vida diaria.

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Así que ya sé por qué acabaré mis días junto al mar. Será por prescripción facultativa. Y yo cumpliré con la dosis recomendada como buena paciente. Naturalmente.

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Agatha diseña cócteles con el nombre de sus hijos para el Café de Oriente

Agatha Ruiz de la Prada es una de esas personas que viven en permanente ebullición. La admiro por lo bien que se gestiona y por su capacidad innata de sorprender: nos tiene sobradamente acostumbrados a ver sus reconocibles creaciones en cajas de galletas, papeles pintados, frontales de electrodomésticos, mochilas, llaves de luz… Su espíritu libre y abierto la obliga a no ponerse límites. Y su inconfundible sello empresarial es una marca ya de España. Agatha es diferente. Es Grande de España y verdaderamente es grande.

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Y claro, cuando me entero de que su última aventura ha sido crear unos cócteles con su nombre y el de sus hijos, la pregunta obligada es ¿dónde puedo probarlos? Y allí que me fui, al Café de Oriente, siempre precioso y siempre exclusivo, como Agatha, acompañada de mis compañeros de trabajo. Valía la pena un afterwork con risas al amparo de la plaza del mismo nombre, ésa en la que de pequeña montaba con mis hermanos en el “tilín” -un burrito con carro que nos daba la vuelta a la plaza y que los madrileñitos de los 60 recordarán- y en cuyos bancos de piedra nos sentábamos a merendar barquillos castizos.

Desconexión, relax, música de Dj y esa alegría chispeante que te entra cuando compartes confidencias con tus colegas. Pedimos la carta y aquí os paso las recetas de los cócteles diseñados por la empresaria.

Tristán

El de su hijo Tristán está hecho con gin Mr. Stachers, curasao azul, zumo de limón y jarabe de azúcar.

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Cósima

El de Cósima lleva licor St. Germain, curasao azul y cava freixenet ICE.

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Ágatha

El que ha elaborado con su propio nombre, Aghata: vodka, granadina, puré de fresa, leche condensada, pipermint y zumo de naranja.

aghata1Algunos decidimos probar estos cócteles tan innovadores y otros se decidieron por los bloody maries, dry martinis, piñas coladas de toda la vida o por el famoso Alfonso XIII en honor del rey, que es uno de los cócteles estrella de la carta. Los acompañamos de unos mini canapés diseñados por el chef del Café, Roberto Hierro. La verdad es que el plan es más que recomendable para los que vivimos en Madrid.

Ya nos íbamos cuando leí que los viernes, a partir de las once de la noche hay ciclos de jazz en directo y me quedé pensando que este renovado Café de Oriente va a dar mucho de qué hablar y para bien.