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La Playa Cura el Alma: Científicamente Probado

A pesar de haber nacido en tierra seca, soy de Madrid, siempre me he sentido muy de agua, muy de playa. Una niña de agua, anfibia, de las que salían con los dedos agarbanzados de la bañera, del río, del pantano, de la piscina del barrio, de la fuente del parque… Fijaos si era de agua que la única tarea doméstica que hacía sin gruñir, cuando mi madre me obligaba, era lavar los platos. Aún hoy, me gusta sentir el chorro cayendo en el aclarado y escuchar el golpeteo del agua corriente del grifo contra el seno del fregadero. Suena hasta poético, al menos a mí.

Playa

No recuerdo la primera vez que vi el mar porque era demasiado pequeña para tener memoria pero siento mi infancia ligada perennemente al mar, a las olas, a la arena caliente de la playa, a los juegos en la orilla, a las digestiones infinitas y a las puestas de sol fugaces. Con el salitre de todo el día pegado en las pestañas y el albornoz sobre el bañador mojado nos despedíamos hasta el día siguiente. ¡Siempre era domingo los meses de verano de mi infancia! Y cada día volvíamos a la misma playa, a la misma parcela de arena, de junio a septiembre. El resto del año vivía mi rutina de niña de ciudad sin darme cuenta de la huella que el mar iba calando en mi alma.

No sé vivir sin mar a pesar de vivir sin él

Y lo he ido descubriendo al ver las secuelas tan positivas que me genera nuestros reencuentros. Estar a su lado me aporta la parsimonia que tanta falta me hace para soportar a mis aceleradas neuronas y me regala la paz que me niega la gran ciudad. Y eso, leo ahora, un grupo de científicos lo ha denominado “espacio azul” basándose en el resultado de la combinación de los olores y sonidos en la mente humana. Dicen que produce un efecto hipnótico en tu mente que reacciona frente al entorno haciéndote sentir feliz, relajado y con energía. Es decir, todo lo contrario al efecto que producen los atascos diarios de la M 30. Por tanto, no es solo una sensación en nuestras cabezas, es una realidad ya demostrada por estos sabios.

Ya me siento feliz porque sé que mi patología tiene nombre científico: “espacio azul”. Padezco de un bendito “espacio azul”. Y los estudiosos han seguido avanzando y aventurando curas a base de agua de mar.

LA PLAYA ACABA CON EL ESTRÉS

Dicen que el agua es la cura de la Naturaleza para el estrés porque sus iones positivos tienen la propiedad de hacerte sentir bien. Y tanto si nadas como si caminas por la orilla, la sensación de relajación te acompaña.

orilla

PARA LA CREATIVIDAD

Según estos científicos, estar en la playa te limpia la mente y te permite mirar tus problemas y proyectos de una forma más creativa. La sensación de calma que te produce, similar a la meditación, te deja concentrarte en lo que necesitas.

libro

REDUCE LOS SÍNTOMAS DE DEPRESIÓN

El sonido hipnótico del ir y venir de las olas combinado con las vistas y los olores de la playa reduce los niveles de depresión porque te mete dentro de un espacio de meditación donde apartarte del caos de tu vida diaria.

sonrisa

Así que ya sé por qué acabaré mis días junto al mar. Será por prescripción facultativa. Y yo cumpliré con la dosis recomendada como buena paciente. Naturalmente.